PESCA

Luis Herrera Navarro, pescador artesanal de Tubul: “El chuyapa”, un viejo lobo de mar dedicado a pescar por más de medio siglo

Probablemente uno de los pescadores más antiguo de la caleta Tubul de la región del Bío Bío. Hoy, con sus 73 años de edad, sigue preparando sus redes para salir a pescar. Un pescador artesanal de tomo y lomo, un viejo lobo de mar de aquellos que hoy cuesta encontrar. Así es Luis Humberto Herrera Navarro, más conocido como el “Chuyapa”, nacido en Penco el 22 de agosto de 1944.

Llegó a Tubul a la edad de 4 años luego de sufrir un accidente. Una máquina pasó sobre su mano izquierda, perdiendo dos dedos. Tras el suceso, Luis junto a su Madre dejaron la comuna de Penco, para radicarse en Tubul.

Cuenta que al llegar a la localidad su madre lo ingresó a la Escuela, sin embargo, luego de unos años comenzó a internarse en la pesca.

“Como a los 10 añitos amigos y conocidos me empezaron a sacar a la pesca. Los más grandes me invitaban a pescar para que me ganara unas monedas”. Agregando que “tenía que hacerlo, porque éramos bastante pobres. Tampoco conocí a mi Papá. Apurado me dio su apellido”.

A su corta edad comenzó a pescar el róbalo, la corvina, entre otras especies. Cual sea el recurso, la labor siempre la realizaba desde muy temprano. Desde las 7 de la mañana cuenta que ya estaba pescando a “patita pelá”.

“Con decirle que íbamos hasta la escuela a patita pelá. No conocíamos los zapatos.  Y las heladas eran horribles. El pasto aparecía todo blanco en las mañanas. Sin embargo, la profe era tanto lo que se compadecía, que tenía que prender un pequeño bracerito con carbón”.

La pesca para él era muy difícil y sacrificada porque no le otorgaba el recurso económico necesario. Sin embargo, con esfuerzo logró consolidar un hogar. Se casó y tuvo 4 hijos.

Rebobinando su vida como una película, recuerda que fue un pequeño y artesanal bote que le abrió las puertas al esforzado mundo pesquero. Su principal motor: la pasión.

Con los años logró certificarse como pescador artesanal y buzo mariscador.  El salto le permitió embarcarse en grandes tripulaciones por gran parte del golfo de Arauco.

Nostálgico, cuenta que ha llegado hasta la isla mocha, pero que en la actualidad sólo pesca en su localidad.

“Me operaron de mis piernas. El doctor me dijo que no debía hacer fuerza bruta. Puedo trabajar, pero en peguitas livianas”.

Al consultarle si ve su vida sin la pesca, con seguridad responde que no se la imagina. “Me encanta este rubro, porque es lo único que aprendí. Bucear también me encanta. Hasta los 55 años bucee, luego uno se da cuenta que el cuerpo no da para esa actividad”.

Peces gordos

Mientras continúa hablando de su vida, un grupo de pescadores le grita a lo lejos “estay famoso Chuyapa”, respondiéndoles con una sonrisa que lo caracteriza.

A los segundos retoma la conversación y se pone serio.  Menciona que la pesca actual no se compara con la que él vivió. La de hoy ha perdido el 80% de lo que realmente es la pesca artesanal.

“Por ejemplo, yo viví en carne propia la abundancia de peces, al punto de no saber cómo echar los pescados al bote. Ahora, un pescador puede andar un mes a la siga de un pescado y no lo pilla”.

A este prócer, le preocupa la dificultad de la pesca. “Llega el pescado, pero no en cantidades grandes, y muchas veces se pierde”.

Por su parte don Luis expresa su descontento hacia las irregularidades de la industria y la clase política.

“El más grande se quiere comer siempre al más chico. Uno se da cuenta que muchos quieren pasar por encima de los más chicos”, agregando que “las clases políticas son muy injustas, por lo que espero que la ley vigente se mejore en beneficio de nosotros, los artesanales”.

Por otro lado, ejemplifica que muchos quieren capturar en exceso la jibia, arriesgando explotar el recurso.

“Esta situación es la que nos duele. Si quieren pescar, que lo hagan como nosotros, pero que no encierren el recurso con red de cerco o arrastre”.

Me encomendé a Dios

Como anécdota cuenta uno de los apuros que vivió en el mar, precisamente frente a Arauco. “Gracias a Dios es que estoy vivo. En ese tiempo se corría la vela, no había motores. Recuerdo que anochecía, y en un momento vino una racha de viento muy fuerte que nos dio vuelta el bote. Quedamos llenos de agua. Miré a tierra y me encomendé a Dios. Sin embargo, no sé de donde saqué tanta energía y valentía para lograr llegar salvo a tierra. Curiosamente no sentí cansancio”.

Otro momento difícil de don Luis fue vivir de forma abrupta e inesperada el terremoto y tsunami de 1960 y de 2010. En este último perdió su casa y bote por completo. Pese a las adversidades, pudo salir adelante.

Finalmente, pero no menos importante el “Chuyapa” detalla que su rutina diaria es incierta, ya que “estando la mar buena puedo trabajar la semana corrida, de lo contrario tengo que esperar”. De lo que sí está 100% seguro – precisa –  es que estará hasta su último día dedicado a pescar, aun cuando capture una “pequeña pila de pescado”, ríe.

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