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Celebración de la Cruz de Mayo: fe y devoción popular

Con procesiones, cantos y bailes, comunidades del norte y sur de Chile conmemoran la muerte y resurrección de Cristo. El ritual se centra en la cruz, símbolo con que se difundió el catolicismo en la Conquista.

Historia de la celebración de la Cruz de Mayo

Misioneros usaron la cruz para evangelizar y fundaron hermandades encargadas de mantener su culto y homenajearla con procesiones en mayo.

El origen de la Cruz de Mayo se remonta a la conquista española. Como los misioneros desconocían la lengua de los nativos, carecían de imágenes y no tenían suficientes predicadores, hicieron uso de la cruz y elementos locales para difundir el mensaje cristiano.

La cruz era de fácil construcción y se ubicaba en un sitio visible para la comunidad a evangelizar: cerros, intersecciones de caminos u otros espacios concurridos. Allí se administraban los oficios religiosos.

Cuando el sacerdote no estaba, un fiel, llamado fiscal, era el encargado de cuidar la imagen, realizar los sacramentos y rezar a sus pies los días festivos.

Los misioneros fundaron hermandades encargadas de mantener el culto a la cruz y de homenajearla durante mayo. Los fiscales debían dirigir la procesión en busca de flores, limosnas y convocar a la gente para unirse al culto.

“Vestir la cruz” era la actividad con que se abría la celebración el 1 de mayo. Consistía en colocarle unos lienzos que llevaban en su centro un crucifijo y los elementos de la Pasión. El objetivo era expresar el sacrificio de Cristo para salvar a la humanidad.

Todas las tardes, los fieles se congregaban alrededor de la imagen para rendirle culto.

Cada casa contaba además con su propio crucifijo, donde llegaban a lo largo del mes los vecinos a rezarle rosario y cantarle las letanías.

Para concluir la celebración, la cruz del pueblo era llevada en procesión por la localidad. En el trayecto se cantaba y pasaba por las casas de los vecinos solicitando limosnas. Luego, era puesta en un altar preparado en algún inmueble del pueblo.

Se agradecía con rosarios y novenas la recolección de limosnas, se repartían los alimentos e iniciaban los cantos y bailes.

Finalmente, la imagen era desvestida y guardada en la casa de un nuevo custodio.

Con el paso del tiempo dejó de ser una festividad al alero de la Iglesia y se constituyó en una práctica religiosa de la comunidad.

La festividad se practicaba desde tiempos coloniales. En la década de los 60′ se dejó de realizar hasta que en 1999 la comunidad recuperó la tradición, bajo la dirección de la agrupación folclórica Lafkenche y la investigadora Patricia Chavarría:

“Un acucioso estudio a través de entrevistas y los propios recuerdos de niñez fueron la fuente que nutrió el surgimiento de la fiesta. La respuesta de la comunidad ha confirmado que esta antigua tradición aún permanecía en el sentir de sus habitantes” (Chavarría, 2009: 49).

El evento se inicia la noche del 2 de mayo y dura hasta la madrugada del siguiente día. La comunidad participa, colabora y organiza en diferentes actividades:

  • El custodio de la cruz organiza el evento.
  • Las mujeres preparan los alimentos y decoran la cruz.
  • Los devotos participan de la procesión, entrega de limosnas y fiesta.
  • Cantores y bailarines animan la peregrinación y velada festiva.

El 2007 el equipo de fotografía patrimonial del Museo realizó un registro y rescate de esta práctica religiosa colectiva.

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